¿De qué hablamos cuando decimos personas con discapacidad múltiple?
Se entiende por discapacidad múltiple la coexistencia de dos o más discapacidades en una misma persona, las cuales interactúan de manera compleja generando necesidades específicas y diferenciadas. Estas discapacidades pueden ser:
Físicas: Afectan la movilidad o funcionalidad del cuerpo, limitando la capacidad para realizar actividades motoras. Ejemplo: parálisis, amputaciones o distrofias musculares.
Sensoriales: Implican alteraciones en los sentidos, dificultando la percepción del entorno. Ejemplo: ceguera, sordera o sordoceguera.
Cognitivas: Involucran dificultades en habilidades como el aprendizaje, o en procesos cognitivos como la memoria, el juicio o el razonamiento. Ejemplo: discapacidad intelectual o trastornos del desarrollo neurológico.
Psíquicas: Se relacionan con trastornos mentales o emocionales que afectan la interacción social, la conducta o el estado emocional. Ejemplo: esquizofrenia, trastornos de ansiedad o depresión severa.
Otras combinaciones: Incluyen discapacidades derivadas de enfermedades crónicas, genéticas o una combinación de factores. Ejemplo: síndrome de Rett, parálisis cerebral o enfermedades degenerativas.
La discapacidad múltiple no debe ser entendida como la suma de discapacidades aisladas, sino como una condición única que genera una interacción compleja entre estas limitaciones, lo cual impacta de manera significativa en la vida diaria de la persona.
Esta condición implica la necesidad de apoyos extensivos o generalizados a lo largo de toda la vida, tanto en su entorno físico como social, para garantizar su derecho a la autonomía, la participación plena en la sociedad y la igualdad de oportunidades.
